Así comenzaba la historia de una amiga que quiso comprar una camioneta.
Todo empezó cuando ella decidió cambiar su carrito dos puertas.
El carro estaba perfecto, pero necesitaba algo más grande y más cómodo.
Ya que en camino venía una bendición, como dirían nuestras abuelas.
Claro está que iba a ser incómodo por el tema de las dos puertas, cargar al bebé, montarlo atrás, etc.
Facilitaría sin duda alguna su nueva vida.
Hasta aquí todo bien.
Empieza la búsqueda y consigue una camioneta.
La revisa con un amigo por encima, hablan con el vendedor y llegan a un acuerdo.
Entrega su carro como parte de pago y se va a casa contenta estrenando camioneta.
No hay nada como esa sensación de estrenar carro nuevo, te sientes invencible, la piel de gallina de la emoción, sientes que te estás comiendo el mundo.
Pues ya está, ya cumplió su objetivo.
Ya no va a tener que sufrir cargando el bebé con una mano mientras aguanta la puerta con el pie y trata de doblar el asiento para poder acceder a los asientos de atrás.
¡Victoria!.
Hasta que un día…
Haciendo diligencias por la ciudad siente que la camioneta le falla.
No tenía más de un mes con la camioneta.
Decide aprovechar el semáforo en rojo para apagarla y prenderla de nuevo.
Ya sabes, el viejo truco de apagar y prender para que se le quite la estupidez.
Como cuando te quedas sin internet y desconectas el router 10 segundos para ver si se acomoda, pero en realidad es que no has pagado el internet.
Bueno así.
Lo único malo es que no mejoró.
Empeoró.
La camioneta NO quiso prender de nuevo.
Después de esa estresante situación dónde la gente no paraba de tocar corneta para que se quitara, llamar para que alguien la ayudara, escuchar a la gente decir “ahí no te puedes estacionar”, esperar la grúa, etc.
La camioneta llega al taller y solo le queda rezar para que el diagnóstico sea una reparación sencilla y económica.
Luego de unos días llega la esperada llamada de su mecánico:
- Betty (así se llama), te tengo una mala noticia y una buena
¿cuál quieres primero?.
Obviamente cuando alguien te dice eso lo que viene es una noticia tan fuerte que la tienen que ablandar con una buena después.
A lo que Betty responde:
- Primero la mala por favor.
Dice el mecánico:
- La mala noticia es que el motor se quedó trancado, hay que bajar el motor, desarmarlo, quitarle las piezas malas, rectificar, comprar las nuevas y volverlo a armar, la buena noticia es que te va a quedar un motor nuevo.
A lo que Betty pregunta con voz preocupada.:
- ¿Cuánto me va a costar?
Responde el Mecánico:
- 2200 USD.
Ahora ponte en sus zapatos…
Te viene un bebé en camino, decides vender tu carro que estaba bueno.
Y ahora tienes que sacar otros 2.000 USD de tus ahorros.
Betty cuenta que sentía como el mundo se le vino abajo, el estrés y la ansiedad a millón.
Esa sensación en el estómago como si estuvieras en una montaña rusa.
Pues aquí no termina…
Decide vender la camioneta sin reparar porque no tenía dinero para eso, ya lo poco que tenía ahorrado lo había invertido en otras cosas ya que se suponía que el carro estaba bueno.
La gente suele creer que porque compran el carro en un concesionario el carro está en perfectas condiciones.
Y déjame decirte que si piensas así lastimosamente estás muy equivocado/a.
La gran mayoría de los carros que están en los concesionarios no han sido revisados antes de ponerlos a la venta.
De hecho si dejas tu correo para saber el precio de tu revisión o para saber cómo ayudamos a nuestro último cliente a no perder más de 2.000 dólares, recibirás un correo donde explico cómo funciona la compra y venta de carros aquí en Venezuela.
Volviendo al cuento.
Cuando decides vender el carro sin reparar la persona interesada en comprar va a hacerlo para ganar dinero.
Lo tiene que comprar a buen precio, reparar y vender, tiene que haber margen de ganancia.
Con lo cual estamos hablando que después de 2 meses de espera intentando conseguir a alguien interesado en comprar la camioneta..
Al final terminó perdiendo 3.500 USD.
Todo un desastre.
Pero no era momento de llorar.
Viene un bebé en camino y no se puede quedar sin carro.
Vuelve a empezar la búsqueda y esta vez encuentra una camioneta a la venta que es "de un conocido".
“Bueno esta vez se la estoy comprando a un conocido, que puede salir mal", dijo ella.
Efectivamente.
Mes y medio le duró la camioneta en buenas condiciones, esta vez fué por culpa de la caja.
Aunque la palanca se movía entre la P, la R, la N y la D.
La camioneta no andaba.
Bueno…
Tuvo que pedir prestado a unos familiares afuera para poder repararla y no cometer de nuevo el error de venderla sin reparar y perder más dinero.
Parece una telenovela con giros dramáticos pero lastimosamente no es la única persona que ha pasado por esto.